Por la mañana es de forma literal: tengo que esquivar decenas de caracoles que están por doquier. Se encuentran paseando tan plácidamente en un camino que rodea el edificio donde estoy currando. Menos mal que no llevo excesiva prisa y los sorteo con cierta habilidad.
Hace tiempo que la mayoría de las veces intento obviarlos, pasar por encima de ellos, acelerar mi paso y creer que se han esfumado. Esa creencia puede durar un tiempo y puede hacerme creer que se han disuelto en su propio caparazón. Nada más lejos de la realidad.
El que se escuda en esa coraza soy yo. Y estoy harto de ocultarme tras ella.
Tengo que salir de esa envoltura y enfrentarme a ellos. Mi camino se puede desviar demasiado si no los piso con fuerza y me enfrento a ellos. Y creo que ha llegado la hora de apartarlos definitivamente de mi camino. ¿Cómo? No lo sé, sólamente sé que quiero hacerlo de una vez por todas. ¿El resultado? Otra gran duda, pero siento que necesito dar ese paso.
Todo pasará y todo llegará, así que voy a armarme de paciencia.
Para terminar os dejo con esta canción cargada de optimismo incluída en el disco de La Casa Azul "Tan simple como el amor".
La letra dice: "...suenan alegres campanas en el centro de mi corazón, no sé si te gustan Los Gritos pero me suenas a su canción. Tengo tantas ganas de hablarte de los discos de mi colección, de llevarte a esa cala en donde el agua no es tan fría porque siempre brilla el sol...".